8 nov 2012

Tortura: Argumentos a favor y en contra


Torture of Cuauhtemoc by Leandro Izaguirre, 1892
Una de las propuestas básicas de la filosofía utilitaria (Jeremy Bentham) es defender el mayor grado de bienestar y comodidad para la mayoría a través de diversos medios. Éstos, sin importar su naturaleza serán considerados válidos en la medida en que garanticen la felicidad de los individuos en una sociedad determinada. Un problema que los defensores de la filosofía utilitaria tienen que responder es a la  idea de que cualquier individuo puede ser utilizado como un instrumento o medio en la maquinaria social con tal de lograr la felicidad de los demás como en masa colectiva. Siendo así las cosas, pareciera que el problema se reduce a una cuestión matemática, por poner un crudo ejemplo, mil individuos valen más que uno. Si ese solo individuo es un impedimento para la felicidad de los otros, entonces es justificable su aniquilamiento. 

En su forma extrema, la filosofía utilitaria ha sido utilizada por aquellos que defienden la práctica de tortura. Y el problema se vuelve un asunto controversial en sociedades democráticas, pues sin duda la práctica de tortura es una acción contraria a derechos básicos, donde los que gobiernan tienen autorizados un grupo claramente definido de acciones que pueden afectar o restringir la libertad de cualquier individuo en esa sociedad de leyes. En otras palabras, la justificación de tortura no encajaría en un sociedad de leyes y límites a la autoridad punitiva. Sin embargo, en tiempos de terrorismo y radicalismos ideológicos, el debate se ha vuelto recurrente y los defensores de la práctica de tortura pugnan por darle más poder a la autoridad punitiva, algunas veces incluso, transgrediendo leyes constitucionales. 

El discurso de los defensores de la práctica de tortura, en los tiempos presentes, tiene la siguiente forma:  en aras de proteger a la población, aterrada por acciones violentas y criminales por parte de grupos terroristas o de crimen organizado o carteles de la droga, será justificable torturar a una persona para obtener cierto tipo de información. La cual tiene que ser relevante, por ejemplo, sobre dónde está escondido el latente peligro--una bomba a punto de estallar--.  Finalmente, el acto que se pretende impedir desencadenará un daño para un número considerable de personas. Inocentes pueden morir y de lo que se trata es minimizar el dolor y maximizar el bienestar. De ahí entonces que, algunas veces será justificable el uso de la tortura, porque la seguridad de la mayoría es más importante que la violación de garantías individuales o derechos humanos.

Un argumento contrario a las ideas utilitarias y por ende a la práctica de tortura, sería aquel basado en las ideas filosóficas de Immanuel Kant. Para este filósofo, moralidad significa respeto a las personas como entes individuales. Un ser humano, sin importar su raza, origen, o nacionalidad,  no puede ser utilizado para alcanzar determinados fines. No importa si esos fines son aprobados por la mayoría o reputados como buenos o positivos. Una persona es un fin en si mismo, no un medio o instrumento que puede ser utilizado para alcanzar algún supremo fin. La idea de un salvador o líder, que usará a las masas ignorantes  o inconscientes de su realidad--por ejemplo, trabajadores sin acceso a educación o indígenas sojuzgados por centurias--para alcanzar un estado justo, es descartada bajo la óptica kantiana.  Este filósofo sostiene que hay ciertos deberes universales y categóricos, en particular el deber de respeto a cualquier persona quien es portador de dignidad. 

Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el debate sobre  la justificación de tortura oscila entre estas dos visiones sobre moralidad. La idea utilitaria justificará la práctica de tortura, en aras de prevenir un daño para la mayoría. Para sus defensores, sin importar las bien razonadas objeciones a la práctica de tortura en sociedades democráticas,  los números cuentan. No importa sacrificar a un par de terroristas con el fin de lograr el bienestar y la seguridad de los demás. Por el contrario los seguidores de Kant dirán, que hay ciertos universales derechos humanos y que algunas acciones son injustas y merecedoras de reproche porque atentan contra la dignidad de una persona,  como es el caso de la tortura. Torturar a una persona es contrario a los derechos humanos y falla en el respeto a la innata dignidad que cada individuo posee.

16 ago 2012

"Wittgenstein's Poker" de David Edmonds y Jonh Eidinow (La historia de una disputa durante 10 minutos entre dos grandes filósofos)

Este interesante libro rememora la supuesta  disputa entre dos renombrados filósofos del siglo XX, Ludwig Wittgenstein y Karl Popper en un corto encuentro durante una conferencia para discutir asuntos filosóficos. La confrontación es esquiva, ambigua, y a fin de cuentas, reconstruída con las testimoniales de quienes la presenciaron.

El problema con la reconstrución de hechos basados en impresiones, es que la memoria languidece y nuestros prejuicios opacan lo que en realidad ocurrió.   Ahí entonces, implícito, el problema filosófico de la autenticidad de cualquier juicio o descripción de hechos basados en nuestras percepciones.

Los autores, en su búsqueda de lo que realmente ocurrió en ese encuentro, nos darán un variopinto recuento biográfico de estas dos opuestas figuras. Tras uno y otro capítulo, sus diferencias intelectuales serán remarcadas  porque es en esas diferencias que conoceremos los  intereses y caminos en los que decidieron ocupar sus mentes para entender los problemas filósoficos de su tiempo.

Los dos pensadores, judíos, nacidos en Viena, con diferentes fortunas (Wittgenstein el rico, Popper el clasemediero) tendrán que lidiar con la persecusión judía durante la Segunda Guerra Mundial. Y sumergidos en ese embrollo bélico y político, acomodarán  sus intereses ideológicos y filosóficos en los países donde encontraron refugio, como en un diálogo indirecto entre dos contrincantes que marcan su territorio, se detestan, y esperan el oportuno momento para decirse sus diferencias. En ese  ejercicio intelectual a través de  diferentes vías,  el lector se regocijará con las obsesiones de estas dos abrumadas mentes. Dislocadas cabezas ante el abismo infinitesimal de las cosas que hay que descubrir en este mundo. 

Ludwig Wittgenstein,  quien hoy es considerado filósofo de filósofos, con sus innacesibles aforismos en el "Tractatus Logico-Philosophicus," retará a otras reputadas figuras (Platón), diciendo que nuestros supuestos problemas filosóficos en realidad son problemas del lenguage. Intrincados juegos de palabras. Tal vez es por eso que sus casi iniciáticas breves sentencias, cual destellos incandescentes, serán sólo comprendidas por mentes privilegiadas.

Por otro lado, Karl Popper, de lógica y ágil mente, pensando y repensando, escribiendo, corrigiendo y reescribiendo, desarrollará su bien escrita "La Sociedad abierta y sus enemigos." Contrario a su contrincante, deliberadamente creará una inacabada obra. Así tuvo que haber sido para no contradecirse asimismo. Él también criticará y develará los reales intereses de otras sobresalientes figuras como Platón, Marx, y Hegel, quienes supuestamente defendieron sistemas opuestos a los democráticos.

"Wittgenstein's Poker" está nutrido de añejas e irresolubles paradojas. Explicaciones insuficientes de problemas filosóficos. Causalismo. Problemas intelectuales a los que se llega luego de un cuidadoso escrutinio de nuestras preposiciones para defender una conclusión. Matemáticas. Ciencia. Lógica. El lector abrumado por el esfuerzo mental que require comprender la paradoja de la tortuga y Aquiles, no le quedará de otra que pedirle una tregua a  la figura casi paterna del experimentado Bertrand Russell (otra eminencia mental), quien insensible a la reyerta de los dos filósofos, permanecerá immutable. 

11 jul 2012

Porqué no voté por el priísta Peña Nieto




¿De verdad gente?

¿Tan rápido se nos olvidaron los 70 años de dictadura priísta que hicieron de México lo que hoy es? ¿Ya se nos olvidaron los lloriqueos del priísta Portillo (quien iba a defender el peso como un perro) y la ineptitud del priísta Miguel de la Madrid Hurtado en el terremoto de 1985? ¿Ya se nos olvidaron los enriquecimientos ilícitos y alianzas políticas, sin importar el menoscabo de las instituciones democráticas o la educación o el salario mínimo, por parte de Fidel Velázquez, Elba Esther Gordillo, la Quina, Durazo...?

¿Ya se nos olvidó la convenenciera alianza entre las élites católicas y el priísmo? Qué pronto se nos olvidó esa grotesca imagen del cardenal Norberto Rivera yendo a jugar tenis con prominentes políticos priístas. Supongo que no fue a jugar con Vicente Fox o con Martita (con todo y su sumiso-neologístico empoderamiento de ama de casa), porque el primero iba a traicionar a su propio partido apoyando a Peña Nieto. Pobre Fox, no cabe duda que nada le han enseñado los años, siempre cae en los mismos errores.

A poco la blanca cara (producto de televisa) de la mujer del futuro presidente, nos minó la memoria histórica en cada  nueva secuela de acarreo--a cambio de tortas o tamales con una cocacola (de las más grandes porfavorcito), que no fruta y vegetales --; y en todas esas  inolvidables series televisivas ( grandes joyas de la literatura universal) donde la actriz ha sido la protagonista, para que nos hayamos olvidado tan pronto de las decisiones políticas durante el salinismo basadas en las visiones de la Paca.

¿Y qué sobre su hermano Raúl, en su inalcanzable yate, invirtiendo en capitales financieros internacionales con dinero ajeno producto de los impuestos?

¿Ya se nos olvidó la matanza de Acteal durante la administración del priísta Zedillo? ¿Y qué sobre la matanza de Tlatelolco ordenada por el priísta Díaz Ordaz?

¿Y qué con la crisis económicas? Recurrentes crisis para los que menos tienen. ¿Ya se nos olvidaron los cientos de expulsados del país por gobiernos priístas promoviendo el Tratado de Libre Comercio? Los cientos de indocumentados en Estados Unidos (con su energía laboral y creatividad)  podrían hacer de México un mejor país. Ellos, los indocumentados, que cruzaron el desierto de Arizona, están haciendo de Estados Unidos un mejor país.

¿De verdad gente? Que corta memoria la de nosotros.

24 may 2012

El derecho a la rebelión (una perspectiva hobbesiana)


El Leviatán, según Thomas Hobbes, es un estado autoritario donde los súbditos, se encuentran en una situación de sometimiento y de privación, por propia decisión, de sus voluntades.

La singular propuesta del filósofo es que en el hipotético estado de natureleza, mujeres y hombres tienen que tomar una importante decisión para ponerle fin a una suituación donde la vida está bajo constante peligro. El objetivo de Hobbes es convencernos que en ese estado carente de paz, no hay más que dos posibilidades: la muerte o el sometimiento al soberano.

El artefacto--la situación donde uno solo es el que va a tomar las deciones para preservar la paz--es creado por los miembros de un grupo social que han reconocido que vivir con sus semejantes es inseguro. Es por eso que el hombre es el lobo del hombre. Por propia voluntad, hombres y mujeres, emprenden una relación contractual los unos con los otros. El resultado es la creación del soberano revestido de poder supremo y absoluto. A partir de este momento, la obligación del soberano será la de representar el interés de cada uno, como un todo, para preservar la paz.

La posición de un individuo ante el estado, bajo estas circunstancias,  es la de sometimiento, porque el interés colectivo es más importante: mantener la seguridad. Esa es la misión del gobernante y no interesa cómo es que el le va a hacer para lograrlo. Bajo esta óptica, el soberano no será responsable de los medios de que se valga para mantener la seguridad de la colectividad.

Entonces la pregunta consecuente será, si  es que un miembro  de esa colectividad siempre tendrá que obedecer la voluntad del soberano. Interpretando las conjeturas hobbesianas, la respuesta es no. Primero,  el filósofo ha supuesto que el estado de natureleza es un estado en el cual una persona puede ejercer todos sus derechos, no obstante el constante peligro. Segundo, si esa persona ha renunciado a alguno de esos derechos, lo ha hecho con tal de lograr la paz que va a preservar su vida.

Consecuentemente, los derechos a los que una persona no ha renunciado han sido, precisamente, los derechos que son indispensables para mantener la vida a salvo. Esa fue la razón por la cual hombres y mujeres decidieron pactar. La única excepción es el intrínsico derecho a la preservación de la vida. Siguiendo la misma lógica, ante cualquier orden por parte del soberano para emprender una acción en la cual la vida corre peligro o estará bajo amenaza de disminuirla o exterminarla, el súbdito tiene el  derecho a  rebelarse o desobedecer. Un claro ejemplo de este derecho, es el rechazo a participar en cualquier conflicto bélico forzado por el gobierno. Un ejemplo más dramático, cuando el sentenciado a muerte, en aras de preservar su vida, tiene incluso en esas horas, el derecho de mantener abierta la disputa legal contra el mismo soberano.

29 mar 2012

El loco

Si el ánimo mejoraba, solía caminar por la calle que lleva al viejo mercado de la Merced, confiado en lo que  deparara el destino. Oculto entre las maquinarias pesadas, atestiguaba la rapidez de los autos que en irreverente marcha evadían la presencia de los peatones escondidos en los recodos de las aceras para no ser atropellados. Con el rostro enjugado imaginaba su fin entre ellos. Luego  en la Plaza de Regina se ponía a hurgar en la vejez de los que se sentaban por horas en las bancas del parque. En la Alemeda el merolico de los domingos tronaba sus dedos antes de que surgiera el parloteo intolerable de su boca cristiana. Los alineados hombres una vez que los rayos del sol comenzaban a descender, llegaban en espera de sus amantes pero deseando que no llegaran. Los edificios que rodeaban la mole humana, bajo las nubes grisáceas, mudaban de apariencia o quizá era el frenesí de las  mentes mareadas luego de uno, dos y hasta tres días de embriaguez. Él se consolaba con pensar que quizá fuera posible la repetición del diluvio. Le dio por fingir varias voces, haciéndolas intervenir como en una polémica desordenada, poniendo gran atención en cada palabra que decían las voces martirizadas de su cabeza. Con una maravillosa seriedad  lo contemplaba todo, el escaso mobiliario dispuesto para la disputa verbal; el árbitro y que era él mismo, daba instrucciones; veía de cabo a rabo a cada uno de los participantes que dialogaban, lanzando palabras en todas direcciones, imaginables sólo por su cabeza. Medía cada uno de los argumentos sustentados, porque lo que quería era comprender. 

Pero el clima era tan impredecible que más valía refugiarse en los rincones polvorientos de la mañana cuando aún calentaba el sol, porque luego, cuando comenzaban a caer las gotas vespertinas, la ausencia de entusiasmo impediría mover manos, brazos y piernas. Si no llovía se ponía a manipular la dureza de las cosas envejecidas de la gran urbe indiferente con sus arrebatados drogadictos corriendo en exaltación acelerada para no ser alcanzados por los guardias. A esa hora, al lado de los folklóricos danzantes, el merolico comenzaba a hablar: “Cuando llegó la enfermedad no sabíamos como enfrentarnos a ella. Le teníamos miedo y es que toda esa podredumbre que se iba acumulando sobre el cuerpo de mi madrecita santa daba miedo. Ella quería vivir. Sufría. Se aferraba a la vida. Pero la enfermedad, callada, calmadamente, se le fue metiendo en la cabeza, los ojos, los pies y las manos. Poquito a poquito le fue carcomiendo la piel, que fue llenándose de humores malignos. Todos sentíamos el avance y la acechanza de la muerte. Nos reuníamos alrededor de la enfermedad para verla, a ella, a la muerte. Para reconocerla y saber a qué atenernos cuando nos tocara a nosotros.” Pero él si posaba sus ojos sobre esas cosas insignificantes en realidad era para fingir y poder atestiguar con facilidad las acciones de los que habitaban en la Plaza de Regina. Ahí se hallaba el que esperaba el oportuno momento para materializar las órdenes sin detenerse a pensar si lo que estaba haciendo estaba mal. Obedecer era una necesidad. Las instrucciones habían sido precisas. Su trabajo sería ocuparse de citar a los que serían muertos. Organizaría a los enterradores y compraría la cal. Pero su sed de sangre no podía fingirla. No dudaría, si era preciso, en intervenir en el asesinato de al menos un hombre para demostrar que estaba dispuesto a dar el golpe de iniciación. Golpe que debería ser certero, demoledor, que los cuerpos ensangrentados quedaran resueltos a pudrirse, sin salvación, sobre la tierra húmeda o que fueran carroña de aves hambrientas.

Todo eso lo escuchó con detalles, porque si algo tenía agudo era el oído. Notó que era en todo momento, de día, de noche, que el peligro está presente, latente, incitando a quien lo origina, para proporcionarle los goces de ver el sufrimiento y la desventura de los otros. Supo los detalles de la muerte de los citados y cómo ahí, donde nadie se atrevía a caminar, fueron escondidos los cuerpos mientras sus sepultureros cavaban las fosas. De ahí provenía el olor amargo y penetrante a cadáver que los guardias no sintieron. 

Hacia el poniente de la Plaza de Regina los niños no se cansan de jugar a las escondidas. Gritan escandalosamente el hallazgo de los desaparecidos y dan muestras de contento a sus progenitores que en sus soledades se reconfortan con el calor de la temporada que induce a sus pequeñas crías a cortar a hurtadillas las gardenias del parque. Basta con ver a los niños para sentirse bien. Oír el grito fugitivo del "...declaro la guerra en contra de..." que lanzan los niños. Y ahí llegaban los recuerdos de aquellos años perdidos, en la alucinación que producía la exhuberancia de la vegetación, cuando él y sus hermanos disputaban un pedazo de razón, compartían el mismo vaso y tomaban de la misma agua guardada en las coloridas tinajas que elaboraba su padre, quien a horas inesperadas salía del refugio a buscar las bestias que entorpecían los tranquilos sueños.

24 feb 2012

"El joven Törless" de Roberto Musil

Esta es la historia del estudiante Törless durante sus años de internado en una academia militar. De sensible personalidad, se verá envuelto en una serie de eventos que por lo extremo de su natureleza, aturdirán al lector. Para su autor, parece ser un secundario objetivo dar sólo cuenta del despertar sexual e intelectual de su protagonista. Lo importante es  desentrañar el significado y las consecuencias de su comportamiento. 

El lector también será testigo de una red de relaciones personales y de poder donde la ausencia de principios morales, será un elemento determinante en la historia. El escritor, sin duda, está incitando a la reflexión de nuestras acciones: errores fatales pueden ser  cometidos en nuestra cotidiana vida. El problema se agudiza cuando nuestras  acciones son las equivocadas porque utilizamos y causamos daño a nuestros semejantes en aras de  satisfacer nuestros deseos. Cuando el daño es producido y se es consciente de éste, no quedará de otra que vivir con el tormento interno, no obstante una explicación racional de los motivos. 

Los críticos literarios ven en este libro una premonición de lo que serían las prácticas abusivas de poder durante el nazismo. Pero dejando a un lado esa interpretación, lo que tenemos es una efectiva narrativa, donde Musil nos describirá la vida de un adolescente en su proceso de búsqueda de explicaciones y entendimiento de su entorno. Por ejemplo, Törless sentirá una fuerte y angustiosa repulsión hacia su  ambigua homosexualidad. Contra su voluntad, será atormentado por situaciones y relaciones personales donde es utilizado para alcanzar mezquinos intereses, pero para entender la equivocada acción también tendrá que realizarla. Por si no fueran suficientes las angustias, producto de fuerzas que no puede controlar, se quejará de la incomprensión y aparente inutilidad de las matemáticas abstractas ante la indiferencia convenenciera de sus mayores. Y en su vasta soledad, entre los ronquidos de sus compañeros de dormitorio, será atormentado por la dificultosa filosofía kantiana. Sus maestros no le enseñaron la idea que el filósofo heredó a su posteridad: nadie puede ser utilizado como un medio para lograr incluso los más loables fines.

Es este un recomendable libro, que puede ser leído como una introducción a la otra mayor obra de Musil, "El hombre sin atributos."

6 feb 2012

"Los hijos de Sánchez" de Oscar Lewis

Calle Cuauhtemoctzin, Mexico City

Henri Cartier-Bresson  (French, Chanteloup-en-Brie 1908–2004 Montjustin)

En este libro,  los crudos testimonios de Jesús Sánchez y sus hijos dan cuenta de la difícil vida que una familia pobre tiene  que sobrellevar para subsistir en la ciudad de México. Ubicada en los años cincuenta y sesenta, los entrevistados, de origen veracruzano, contarán sus más íntimas experiencias. En ellas hallaremos elementos sobresalientes que aún en el presente definen la cultura de la pobreza en México. 

Si dejamos a un lado el proyecto sociológico, sin menoscabo de sus logros de considerar la pobreza como una causa de los problemas que afectan a una sociedad, lo que entonces queda, es una insólita y genuina obra. Las historias de cada uno de sus protagonistas, convergiendo o contradiciéndose, afectarán el estado emotivo del lector, quien no podrá  dejar de sentir admiración, rechazo, lástima, o solidaridad.

Por ejemplo, Roberto, con sus extrañas caminatas, en la niñez, de la ciudad México al puerto de Veracruz,  sin haber ido a la universidad, dará un indiscutible retrato del sistema policíaco en México de entonces. Consuelo, desgarrándose el alma con sus contradicciones, dará dos, tres o más ejemplos de sus intentos fallidos por salir del bache donde se encuentra. Por más que lo intente no podrá lidiar contra machismo y misoginia. Manuel, con su memorias infantiles suspendidas en el río de Chalma y en la calle de Albañiles, en la colonia Azteca, evocará la repetitiva ruta de los que deciden emigrar a los Estados Unidos. Cuando regresa la verdad es inclemente: la ciudad apesta, es sucia e insensible. Pero emprendiendo nuevos proyectos en los tianguis de Tepito recuperará su ánimo con nuevos giros idiomáticos para engañar a los incautos. Y Marta, solitaria, pragmática y fracasada, nos pintará en resignada actitud, su vida en Acapulco. Fui ahí, en el autobús de segunda que iba al puerto sureño, donde conoció al carnicero con el que decidió rehacer su vida.

Pero una vez que decidieron vivir en la gran urbe, ya no pudieron vivir sin ella. Jesús Sánchez, emprendedor de proyectos, trabajador de restaurante con salario mínimo por décadas, ejemplo para los hijos que no fue seguido, déspota y excesivo en sus castigos, lidiando consigo mismo, tratando de rellenar la ausencia de la figura materna, navegará en las calles de la ciudad de mercado a mercado. Serán las calles las que  le enseñarán práctico juicio y le darán una  idea de como lidiar para mantener su familia. Sus hijos no dejarán de expresar admiración por su determinación y fuerte carácter para sobrevivir en una ciudad hostil al menesteroso. 

Los entrevistados, consciente o inconscientemente, se definen por cuenta propia como portadores de dignidad sin importar su origen, raza, o condición material. En sus aprietos y en sus memorias,  relatan sus mitos y sus juegos, hieren a los otros, reclaman una sociedad más justa, son objeto de opresión, se rebelan, gritan, pelean,  arriesgan la vida en el corazón de la ciudad de México entre las pulquerías. Pero mucho mejor, con sus poéticas descripciones de sus viajes a Chalma, nos hablarán con franqueza y ahí entonces vendrá el proceso reflexivo donde el lector será consciente de su propia realidad.

29 dic 2011

El escudo de Aquiles

Encolerizado por la muerte de Patroclo, quien en batalla usó el escudo de Aquiles para amedrentar al enemigo, el energúmeno guerrero ahora tiene que regresar al campo de batalla para vengar la muerte de su amigo. Pero un nuevo escudo es necesario y ahí otra justificación para introducir nuevos elementos que elevarán aún más la original obra.

El escudo es la gran creación artística enmarcada en otra obra de elevado rango. Portador de propia vida, describirá otros mundos plenos de acciones humanas y realidades que pese al tiempo no cambian: disputas irracionales y acuerdos legales entre mortales, liderazgo, trabajo, supremacía del más fuerte y opresión del  débil, sensualidad y juegos juveniles al lado del estoicismo que se gana en la vejez, y entre ellos, animales en constante dilema por sobrevivir ante la impotencia de hombres abrumados por la naturaleza, por mencionar algunos ejemplos.

He ahí, casi al final de La Ilíada, una muestra más de la genialidad del poeta.  Homero no se conformará con relatarnos  y describirnos hombres y mujeres, dioses y animales en situaciones extremas. Sino que, conocedor de la condición humana, añadirá unos cuantos elementos para condimentar su narrativa y que cautivarán al oyente. Adicionalmente, harán de las particulares situaciones terrenales y celestiales, universales ejemplos de creación humana.


27 ago 2011

"La verdadera vida de Sebastián Knight" de Vladimir Nabokov

Portrait of Paris von Gütersloh by Egon Schiele
Esta novela relata los esfuerzos de su protagonista, V, por descubrir la “verdadera vida” de su hermano Sebastián Knight, quien ha muerto recientemente y a quien poco conoció. Su objetivo no es sólo escribir su biografía sino también entender el universo literario que su hermano creó. 

La mayor parte del libro se concentrará en el asiduo proceso de búsqueda en el cual el destino, la cadena de eventos, y ocasionales descubrimientos juegan contra la lógica del narrador quien lo que quiere es conocer a su fallecido hermano. El narrador desconoce los hechos, no conoce fielmente a los personajes y por tanto la historia puede transitar por imprevistos caminos. En algunas partes, la imprecisión de personajes y temperamentos pareciera indicar que es Sebastián quien dejó los vestigios, que su hermano ha de seguir, para dilucidar el asunto. 

Incluso, la historia de la mujer a quien el mismo Sebastián buscó en sus últimos años de vida, con la esperanza de que ella pudiera proveerle con la clave de un mejor juicio, es un ejemplo de la deliberada ambigüedad de personajes. Para la decepción de V, esta mujer no parece ser la personificación de una idealizada mujer, fuente de inspiración, y entendimiento. Lo que V encuentra  es una mujer de personalidad mutante, atractiva pero vulgar, evasiva y de segundas intenciones, según sus palabras. En el conflicto, entre las imaginadas intenciones que Sebastián pudo haber tenido por esta mujer, V no puede entender cómo es que su hermano, de personalidad huraña y enérgico intelecto, haya disfrutado una relación con ella. Sin embargo, el mismo V sentirá una impulsiva atracción física por ella. Ahí entonces, sazonando la historia, el conflicto entre la aversión y atracción sexual con la efigie del hermano muerto rondando sobre la cabeza del narrador. 

A través de las páginas del libro, V habla sobre los libros escritos por su hermano. Interpreta sus técnicas narrativas, desentraña caminos en los cuales historias son contadas, y todas esas explicaciones se extrapolan con su misma narrativa para hacer del libro un tratado sobre vanguardista escritura. Pero aún más, la historia condimentada con difusas historias, repentinos finales de capítulos, irónicas explicaciones de técnicas literarias, deleitarán al lector y darán a los aficionados a la escritura un animado formulario de cómo es que se escribe una buena historia. 

7 ago 2011

"El poder y la gloria" de Graham Greene

A diferencia de Los caminos sin ley, en esta novela ubicada en el sureste mexicano,  durante los años de la lucha cristera, Graham Greene se desprenderá de su animosidad de viajero hacia México, para dar cuenta en una efectiva narrativa, sobre los aprietos de  un sacerdote en huida para salvar su vida.

Por si no fuera suficiente las recurrentes descripciones de una zona afectada por la pobreza y el hambre, abuso de poder, y desigualdad, el inclemente caluroso clima hará propicias las circunstancias para exponer seres humanos en constante disyuntiva por sobrevivir y escapar de la mano del poderoso. Aunado a eso, el deshonesto y remordido cura irá negando en sus acciones su deber y el dogma religioso.

Un lector precavido que no da por sentado los desatinos políticos del programa gubernamental antirreligioso y que tampoco acepta el papel de la iglesia católica como víctima, tendrá de cualquier modo que enfrentarse con un problema moral a través de las páginas: es inaceptable pregonar un modo de vida cuando nuestras acciones contradicen nuestras palabras.  En este caso, el reproche es incluso mayor porque de un sacerdote que cura almas se esperaría el cumplimiento de este deber ético. Contrario a esto, el cura es alcohólico, padre de una niña y en su fuga parece no confiar en su dios.

Su objetivo de escape es malogrado una y otra vez, como si una invisible mano fuera la encargada de señalarle la no querida ruta. Sin embargo,  su horror ante la muerte se disipará poco a poco cuando le toca aprender por la vía del sufrimiento -en la cárcel, siendo objeto de coerción,  o lidiando con la sobrevivencia y muerte de indígenas- sobre la condición humana. Ahí tal vez su salvación. 

18 jul 2011

La alegoría de la cueva

La alegoría de la cueva, quizá sea la parte más conocida del libro La república de Platón. La idea principal tiene que ver con la ascensión  y con el hecho de ser mejores después de una ruptura con el pasado. Cuando se vive en un mundo de erradas impresiones,  no se puede tener un claro entendimiento de las cosas. Así, la ascensión tiene que ver con un rompimiento de las ataduras impuestas en un mundo de sombras y apariencias. 

Sócrates describe una situación peculiar en esta historia, porque no es una cueva donde simplemente hay un grupo de hombres encadenados y privados de su libertad. En la oscuridad de la cueva, lo que ellos ven es la sombra de marionetas -seres sin voluntad propia con características humanas-. Aún más, las imágenes que son captadas por sus sentidos son reflejos de objetos inanimados desconectados de la realidad. No obstante, la vida de estos hombres se consume en constantes reyertas y discusiones en torno a esas sombras. 

Entonces uno de ellos -el héroe, quizá el poeta, o el filósofo-, rompe sus cadenas y emprende su jornada hacia el mundo exterior, hacia la luz. Este hombre asciende y finalmente conoce la luz del sol. Ahí, él puede discernir como son las cosas en realidad.

Este es el clímax del entendimiento, el origen de la iluminación, la metáfora del completo entendimiento de la tierra y las cosas que hay en ella. Ahora, la misión de este hombre consiste en regresar a la oscuridad de la cueva y predicarle a los otros de su jornada y de lo que tienen que hacer para liberarse de sus cadenas. Él ha visto la luz solar y puede entender. Es eso lo que le da el privilegio de ser escuchado. 

9 jun 2011

Siguiendo a los Aztecas


Antes del avieso arribo de los españoles, una preocupación de los aztecas se asentaba en lo efímero que son las obras de los hombres. El desenlace de su historia estaba en un punto culminante. Nezahualcóyotl había escrito que los hombres no están en la tierra para siempre.

Pero otra preocupación de mayor peso era su origen. Parece que los aztecas no podían olvidar que eran un pueblo advenedizo y que fue necesario inventar el pasado. Fue por eso que Itzcoatl quemó los documentos que contenían las viejas historias sobre lo que había pasado antes de 1428. Mucho más difícil sería conocer lo que pasó antes de 1376, cuando Acampichtli llegó a ser emperador.

Los historiadores dicen que  los mexicas se apropiaron de la herencia cultural tolteca. Sin embargo, nunca olvidaron que originalmente habían sido una tribu nómada,  que  llegó a ser un grupo sedentario de avanzada cultura.

Un hecho que confirma lo anterior fue la construcción de la gran ciudad de Tenochtitlán. En ella el dios Huitzilopochtli ocupaba un lugar privilegiado al lado del antiguo dios de la lluvia, Tláloc. Uno y otro fueron puestos a la par: el dios de la nueva civilización al lado del la pretérita deidad tolteca.

Lo que importaba era crear un mito basado en la grandeza tolteca, pero también  desprenderse del sentido de inferioridad que los aztecas sentían ante la otrora extinta civilización.

1 jun 2011

"Un pequeño lugar" de Jamaica Kincaid

En este ensayo, Jamaica Kincaid, viviendo en el exilio, rememora el lugar donde nació y como ve la actual Antigua. Yuxtaponiendo la vieja con la nueva Antigua, en este libro aprenderemos de la herencia colonialista de Gran Bretaña como algo que los antiguanos todavía tienen que lidiar: corrupción, pobreza, desigualdad, y lo demás. Su descripción pesimista de Antigua desde dos perspectivas históricas sirve para mejor comprender la actual situación de ese país.  

Por poner un ejemplo, la vieja librería en Antigua, fue el lugar donde la escritora tuvo acceso al conocimiento y a una idea de como era el mundo más allá de Antigua. Kincaid describe la biblioteca de la vieja Antigua como un espléndido lugar. Era una gran lugar con un sentido de orden y paz, donde los lectores podían aprender sobre el mundo. Era un espacio confortable, donde ella, cuando era una niña, pudo aprender sobre la historia de su país. Los bibliotecarios se sentían orgullosos de trabajar para una institución que promovía el aprendizaje y el conocimiento a través de los libros. Aunque la biblioteca era el producto de una cultura dominante, pues en sus anaqueles sólo habían libros que de alguna manera silenciaban o negaban la cultura local, en ese lugar, Kincaid,  pudo aprender sobre el mundo y entender sobre culturas dominantes y dominadas. 

En contraposición a la biblioteca de la vieja Antigua, la biblioteca de hoy no se ha podido recuperar después del temblor de 1974. Las reparaciones están pendientes. La mayoría de los libros, en lugar de estar acomodados y organizados en los anaqueles para ser leídos, están en la ruina, empaquetados en cajas de cartón. Lo peor, los jóvenes de hoy no van a la biblioteca. Para Kincaid los jóvenes de la nueva Antigua, atraídos por la cultura americana,  parecen iletrados.

A través de las páginas de este libro una idea persiste, Antigua es un lugar aquejado por múltiples problemas sin solución. El pesimismo se profundiza cuando entre líneas la autora dice que no hay acertadas respuestas a los innumerables problemas que afligen a la isla caribeña. Las cosas no eran buenas en la vieja Antigua (la colonia británica), pero en la nueva Antigua (la independiente) las cosas son aún peor. 

Al final, para compensar su pesimismo, la autora escribe sobre los libres antiguanos descendientes de nobles seres humanos provenientes de Africa. También describe, para reconfortar a los lectores, sobre el acento de sus conciudadanos, sobre su actitud hacia la vida y alegría , de como ríen y gritan en las plazas públicas. Por fortuna, Antigua es un pequeño lugar, donde sus nativos pueden encontrarse y reconocerse. 

4 may 2011

Causa 5: Errada estrategia para controlar la venta de drogas



Segun la revista El economista, oficialmente 35,000 personas han sido asesinadas desde que el presidente de México, Felipe Calderón, inició su asalto contra los carteles de droga a fines de 2006. La exacta cifra de gente asesinada nunca será conocida. El último escándalo en esta llamada "guerra contra el narcotráfico" fue el descubrimiento por la policía de una tumba colectiva cerca de San Fernando, municipio de Tamaulipas, cerca del borde con Estados Unidos. Hasta el momento 183 cadáveres han sido encontrados. Dos semanas después, ocultas tumbas fueron descubieras en la norteña ciudad de Durango donde fueron encontrados 100 cadáveres. 

Se presume que las víctimas en Tamaulipas fueron asesinadas con pesados martillos o quemados vivos. Tres cadáveres fueron identificados, un vendedor de carros, un trabajador social, y un inmigrante guatemalteco. Investigadores creen que las víctimas fueron secuestradas en autobuses para ser robados y violados por los Zetas. 

El seminario señala que es sorprendente la incapacidad policíaca para detectar y evitar la masacre.  También, en pasados meses, 72  cadáveres de inmigrantes asesinados, fueron encontrados cerca de San Francisco. La masacre fue atribuida a los Zetas. 

Estos recientes masivos asesinatos ponen en duda el discurso del gobierno federal:  de que  estos crímenes son casos aislados y de que los carteles han sido controlados. Pero más importante, los responsables por estos crímenes, cualquier haya sido el motivo, actuaron con la complicidad de las  autoridades.

16 abr 2011

"Villa y Zapata: historia de la revolución mexicana" de Frank McLynn


Este es un libro para quien quiera tener una visión general sobre la revolución mexicana. Para el autor, el proceso revolucionario en México será entendido de mejor manera si sabemos de la vida de sus protagonistas.  En concisas descripciones biográficas conoceremos relevante información  sobre Francisco Villa y Emiliano Zapata, así como de otras figuras protagónicas y antagónicas--Madero, Carranza y Obregón--y otros tantos personajes que pasan desapercibidos y van quedando en el olvido. A partir de un conocimiento sobre la vida de estos personajes,  podremos mejor juzgar las causas que los empujaron a involucrarse en favor o en contra de este gran movimiento social en México.

Tres aspectos son relevantes en el libro:

Primero, fue un movimiento social caracterizado por la violencia y el sufrimiento. El número supuesto de muertes, de acuerdo con los expertos, oscila entre los 350,000 y  1, 000,000 de individuos. El costo en vidas humanas fue muy alto. Entre líneas, el autor comenta que los reales fines de la revolución no fueron alcanzados. Por consiguiente, la pregunta lógica será, es o no justificable el sacrificio de inocentes en un proceso de rebelión.  No fue sólo un puñado de rebeldes que se fueron a la montaña para guerrear porque carecían de posibilidades reales  de vida  digna; también fueron arrastradas, sin quererlo, familias enteras, ancianos, niños y mujeres con expectativas de vida mutilada.

Una reflexión sobre esta lectura es que existía un grupo político que se prolongaba en el poder apoyando a un grupo reducido de privilegiados, a la par que mantenía diversos sectores de la población--la mayoría-- bajo condiciones mínimas de supervivencia y sin acceso a derechos básicos. Uno de los principales objetivos de este grupo político fue mantener este estado de cosas con el uso de un aparato represivo que reprimía la disidencia.  Cuando fuera necesario, se usaría esa maquinaria de poder contra la población, se aniquilaría, se destruiría pueblos, se dividiría a una nación y su gente sin ser llamado a cuentas. Pero había más, era un grupo en el poder que despreciaba a sus gobernados. Es paradójico cómo los ricos en México se han caracterizado por sentir una fuerte atracción por la cultura externa. Para extremo ejemplo, Don Porfirio Díaz decidió exiliarse en París, donde también murió. Para entonces se le había olvidado que en previos años luchó contra la intervención francesa en México. Pero esto es para decir que por un lado, los poderosos en México han difundido la idea de que los mexicanos no son capaces de autogobierno y cultura auténtica. Por otro, poco les ha interesado reconocer la importancia que en otras tierras se le da al respeto a la ley  que garantiza una mejor vida a sus ciudadanos. 

Segundo, Villa y Zapata serán retratados con maestría. El autor siente una marcada simpatía por estos dos genuinos revolucionarios. Pero pese a esta admiración no dudará en juzgarlos y criticarlos cuando se trata de analizar los errores tácticos y estratégicos que cometieron en el esfuerzo por alcanzar sus fines: su falta de juicio en importantes situaciones, su machismo que se oponía a una sociedad inclusiva y plural; el arrebato de ánimos en el caso de Villa, la desconfianza, en lugar del arte de la diplomacia, que cubría el carácter de Zapata. El autor también señala la carencia en Zapata y Villa de un práctico  deseo de poder y de un entendimiento del arte de gobernar.  No obstante, fueron revolucionarios que lucharon del lado de los menesterosos y las masas de gente oprimida que se rebeló contra un sistema de gobierno arbitrario que no cedía y se comprometía con uno más igualitario. Entonces, sus yerros son pecados menores. Sobre sus credenciales como líderes natos no cabe la controversia. Por esfuerzo propio ocuparán el más alto rango entre las figuras de la revolución mexicana, mucho más allá de los peldaños ocupados por Madero o Carranza.

Finalmente, el lector no podrá dejar de sentir encono y desear un arreglo de cuentas contra una clase en el  poder en decadencia y de los medios que usaron para perpetuar su poder. En general veremos en sus acciones un arraigado desprecio racial por grupos sociales en desventaja: indígenas, campesinos y otros grupos sociales que pugnaban por una nación democrática.  El tirano y su grupo de incondicionales no dudarían en organizar la maquinaria de fuerza represiva para el aniquilamiento de gente en rebeldía. Es como si hubiera sido poseído por un espíritu demoniaco. He ahí, una lección para justificar los límites al ejercicio del poder. La lista de agravios y crímenes perpetuados por esa clase gobernante es larga. Muchos de esos ilegales actos conforme pasa el tiempo van quedando en el olvido. Incluida en esa lista de ofensas por parte del estado, a la cabeza, estará lo que ahora conocemos como genocidio.

Pese  a la constante sombra de violencia y muerte que caracterizó  a la revolución, más otras reprochables acciones humanas--traiciones, venganzas que sobrepasaron el daño reprochado, ganancia de pescadores sin escrúpulos en río revuelto,  carnicerías a sangre fría, por mencionar algunas--es alentador leer que ante al tirano opresor, las masas de oprimidos no dudaron en ejercer el derecho a la rebelión. Hay entonces una idea, que se prolonga en las páginas del libro, de progreso mediante la violencia: masas de iletrados, pero en rebeldía; intelectuales sin trabajo remunerado, pero asesorando a los líderes de las diferentes facciones en lucha; indígenas sojuzgados durante centurias, pero clamando por sus derechos;  campesinos en solidaridad o divididos, pero movilizándose por tierra para trabajarla y defendiéndola con sus machetes. Todos ellos, portando en su sangre o su subconsciente la idea de que la protesta y rebelión son los medios de aniquilar al usurpador y alcanzar un estado más justo en una sociedad.

3 abr 2011

CAUSA 4: Violencia cuando se defienden creencias religiosas y se rechaza intervención extranjera


Encolerizados grupos de gente   están quemando una oficina de Naciones Unidas en la ciudad de Mazar-e-Sharif al norte de Afganistán. 

La cosa empezó después de las oraciones del viernes, cuando cientos de manifestantes marcharon hacia las oficinas de Naciones Unidas para expresar su cólera contra la quema del santo Corán por un fanático pastor de Florida, en Estados Unidos, hace unos cuantos días.

Este video muestra a uno de los manifestantes con un rifle de los llamados AK-47 y cómo un trabajador de Naciones Unidas es apaleado por la energúmena masa. La manifestación pronto degeneró en un sangriento ataque.

Los manifestantes sostienen que ellos fueron reprimidos con violencia. 

Esta protesta no es un caso aislado. Otras manifestaciones han tomado lugar en otras partes de Afganistán. Masas de gente se han reunido en otras plazas para protestar contra la quema del Corán, demandando agresivas medidas en contra de cualquier acción que denigre sus símbolos religiosos.

Los protestantes no sólo muestran su rechazo contra los profanadores de su religión sino que también amenazan con represalias  a aquellos que violan  leyes islámicas y el santo Corán.

Pero las  protestas no son solamente un asunto religioso. También fueron un signo del  repudio a unas fotos divulgadas, que  muestran soldados americanos  posando con los cuerpos de afganos civiles muertos.

27 mar 2011

David Hume en contra de los milagros

Quizá el más claro ejemplo contra la superstición es su discusión sobre los milagros. Hume dice, imagina que tus creencias religiosas tienen como sustento historias sobre milagros, como la historia cristiana de los panes y los peces o la resurrección de Lázaro. 

Tú vienes y vas proclamando que alguien te dijo que un milagro ha sucedido y que tienes suficientes bases para creer que el milagro en realidad sucedió. 

Pero Hume dice, "Momento ¿Porqué crees lo que leíste o lo que alguien te dijo que fue un milagro?" Y tu respuesta tiene que ser, sin duda, que crees en lo que ellos te dijeron--o en lo que leíste en la Biblia--porque ellos siempre dicen la verdad.

Aquí entonces viene la tenacidad de Hume: "Tú estás  usando una manera de pensar que se llama inducción. Y estás concluyendo que porque ellos generalmente dijeron la verdad en el pasado, esa es una buena razón para suponer que ellos dirán la verdad en el futuro."

En este caso, Hume continúa, tú tienes que ser consistente.

Si  vas a usar inducción para fundamentar tus creencias, entonces también tendrás que usar inducción para fundamentar o explicar cómo las cosas suceden en la vida diaria.

Tú nunca ves una estatua que llora, o una imagen que llora, o una aparición fantasmagórica que te dice que el fin del mundo será en 2030, y otros ejemplos de milagros de la misma ralea. Llegar a esa conclusión, basados en experiencia, es una manera inductiva de pensar.

Entonces si una persona, o una historia en la Biblia te dice que alguien resucitó o que una imagen  con indescriptible bellas flores en su regazo apareció en un cerro y lo crees; tú, entonces, estás en conflicto porque tendrás que explicar dos argumentos de la misma naturaleza sin caer en contradicción.

Por un lado, tienes inductiva evidencia que ellos tienden a decir la verdad y que por eso crees lo que ellos te han dicho, que la estatua ha llorado o que la diosa ha aparecido en una montaña. Pero por otro lado, tienes tu propia experiencia de que las estatuas no lloran, ni hay apariciones a media noche de seres bucólicos o que el agua se convierte en vino para mantener contentos a los invitados. 

Lo que tenemos ahora, Hume continúa, es un tipo de conflicto entre dos argumentos inductivos. Uno de los argumentos siempre va a derrotar al otro, el de que las estatuas lloran y que la resurrección es  un evento posible. Pero aún más, sabemos por experiencia que la gente, nosotros, tendemos a cometer errores, y que algunas veces podemos ser esclavos de la ilusión o que de vez en cuando mentimos. 


Gente en Nueva York 8

19 mar 2011

Los crímenes de la calle Morgue de Edgar Allan Poe

En este cuento, el  escritor recurre al método para exponer los sangrientos hechos. También recurre a lo extraordinario para causar repulsión a los actos de los que nos vamos a enterar.


Pero pareciera que los principales acontecimientos son un secundario ingrediente. Lo que importa son los alcances de la mente y la apropiada senda para descubrir la verdad. La acertada explicación de los efectos y sus causas,   será el principal instrumento por el que Dupin resolverá y expondrá el enigma: ¿Quién fue capaz de asesinar sin claro motivo y de esa manera tan violenta a las dos mujeres? 


Pero Edgar Allan Poe, a través de su narrador, no se conformará con exponer los terribles actos que no sorprenderían a los de frío corazón. Los eventos serán condimentados con una lista de las testimoniales de los que oyeron los gritos a media noche. Como proponiendo que no debemos confiar en nuestras percepciones, Dupin nos dará cuenta de sus limitaciones. Y ahi entonces, el debate entre las capacidades de la mente y las debilidades de nuestros sentidos como en una prolongada reyerta por centurias.  La admiración entorpecerá nuestros sentidos. Por eso es que no podemos confiar en ellos cuando buscamos la verdad. Es la mente como una sensata misántropa que vendrá para socorrer y poner orden en el alboroto causado por los sentidos. Ellos no saben como reaccionar ante lo horrendo de una masacre.  


Luego vendrán otras complicadas ideas, introducidas como sin quererlo. ¿Quién, al final de cuentas, es el responsable? ¿Cómo  es que podemos atribuir responsabilidad a los incapaces? ¿Acaso, esos seres grotescos, bestiales seres, en los que, nosotros, imprudentes humanos, nos reconfortamos en su compañia son responsables de sus actos?  Eso el lector tendrá que resolverlo.

28 ene 2011

"Bajo el volcán" de Malcolm Lowry

Fatal historia de la caída de un hombre --el cónsul--  no sólo por el alcohol sino también por circunstancias que están fuera de su control, quizá el abandono de su mujer, o la aventura adúltera que ésta tiene con dos hombres -- el medio hermano y el amigo del cónsul--, o el hecho de lidiar o acomodar su vida a una tierra incomprensible donde ya no tiene sentido seguir navegando. Casi  al final del libro, luego de escuchar  sus  discursos y desentrañar sus íntimas y congruentes reflexiones, a las  que llegará a través del alcohol, el lector comenzará a sentir afecto y solidaridad por el depresivo personaje.

 

Los acontecimientos, nutridos de múltiples símbolos, y las memorias de los otros personajes, sucederán durante doce horas en un día de muertos, en la comarca que rodea las dos moles volcánicas del centro de México, el Popocatépetl  y el Iztaccíhuatl.  Por si no fuera suficiente el ambiente surrealista de cantinas y fantasmagóricos personajes en su mítico Quauhnahuac, el ambiente social y político durante esos años --el de la  administración cardenista y el México post-revolucionario de la expropiación petrolera,  huraño a cualquier tipo de intervención extranjera-- profundizarán el rechazo a un hombre blanco, de cuya misión no se sabe bien a que intereses sirve.


La historia se vuelve más complicada cuando tratamos de entender los otros personajes: su medio hermano, Hugh Fermin, el reportero, defensor de la democracia, con la carga de no haber tomado acción en la guerra civil española; su ex-mujer, Ivonne,  actriz fracasada  en la búsqueda de su propia senda; y el amigo de la infancia, M. Laruelle, director de cine, quien cree que  a través de un cine de compromiso el cambio social puede materializarse; y entre ellos el narcotizado ex-cónsul tratando de señalarles la correcta senda a través de la historia y la lógica.


En las páginas abundan descripciones de gente pobre --indígenas--, cantinas, zopilotes, santos, perros escuálidos, jardines y parques,  toro, caballo, calles, iglesia, y  muerte. Toda esa región heredera de antiguos ritos, dolida de sanguinaria conquista y resentida por indecisa revolución será difícil de entender y sobrellevar. El cónsul convive con los pobres y se duele de la situación en la que viven.  La culpabilidad por inacción lo atormentará durante sus jornadas al oscuro mundo que conduce el alcohol y sin condescendencia ni desdén al mundo que no lo acoge, lo enfrentará con  mezcal, como un rito espiritual para darle  un poco de sentido a ese mundo y a su vida.


 Las últimas confusas palabras del libro, después de su salvación serán, “¿Le gusta este jardín? ¿Qué es suyo? ¡Evite que sus hijos lo destruyan¡”